sábado, 3 de octubre de 2015

CRÓNICAS ANÓNIMAS: DEL MIEDO AL AMOR


Es en este preciso momento cuando siento una bota en mi cara aplastándola contra el pavimento que empiezo a recordar muchas cosas, empiezo a recordar a mi familia, a mis amigos, recuerdo también aquella vez que siendo niño; le dije a mi mamá que me estaba comiendo una nube del cielo cuando comía algodón de azúcar. Quiero pensar que nada de esto está pasando, que esto es solo una pesadilla, que me voy a despertar, o que me voy a convertir en una mosca para salir de este lugar. Inevitable es recordar también porqué estoy aquí.

Siempre fui alguien con muchos miedos, había demasiadas cosas que me asustaban; que un policía se me quedará mirando era una de ellas. Para un chico de más de 20 años era algo tonto temerle a ciertas cosas pero yo sí lo hacía. Sin embargo, habían dolores que pesaban en mi alma, puesto que, durante estos últimos años mi país ha estado pasando por una grave crisis económica y social, ha estado pasando por básicamente una guerra de pueblo contra pueblo, en donde de alguna u otra manera, todos resultábamos afectados.

Yo siempre quise ser un héroe pero los héroes siempre son personas que se enfrentan a muchos peligros, yo nunca supe cómo hacer eso, lo más heroico que yo había hecho en mi vida era haberle dicho ladrón a un político una vez, del resto no tenía experiencia en cómo ser un valiente, aunque había visto muchas series animadas que quizá podrían servir como guía, sin embargo, de qué podría servir eso, si al final era solo televisión, ¿no?

Pero había algo que me inspiraba a tratar de… ¡No!.. Era alguien que me inspiraba a hacer algo. Era ella… Era Paula, tan hermosa, tan tierna, tan niña. Paula tenía unos largos cabellos negros, que cuando se movían parecían una cascada descendiendo. Y su sonrisa, su sonrisa era lo que más me atraía, ella tenía unos “brackets” que hacían parecer que había unos pequeños diamantes dentro de otros diamantes, y ambos reflejaban angelicalmente los rayos del sol. Ella tenía unos ojos tan negros, tan profundos, tan oscuros que parecían ser agujeros negros que te absorbían dentro sin posibilidad alguna de escapar y, cuando brillaban daban la impresión de que había estrellas dentro de ellos.

Desde el momento en que la vi, la amé, por eso no quería que ninguna lágrima perturbara a esos hermosos ojos negros. Debido a ello me dispuse a asistir hace tiempo a una convocatoria que vi en las redes virtuales, los “autoconvocados” se llamaba el evento, fue el 9 de noviembre del 2013 en Plaza Venezuela. Recuerdo que llegando ese día tuve muchas dudas de ir o no ir, al final terminé yendo con algo de paranoia porque me sentía muy observado. Eran alrededor de las 9:00 am o 9:30 am cuando llegue, di dos vueltas a la plaza mirando para todos lados y empezaba a llegar la gente. No me sentía de verdad en confianza, estaba incómodo y los mensajes de mi mamá “cuídate, no confíes en nadie” no me ayudaban a sentirme mejor.

Estaba pensando seriamente en irme pero el imaginar el rostro de Paula llorando alguna vez por el desastre que se avecinaba no me dejaba ir, fue entonces cuando sucedió… de un momento para otro, unos enmascarados se aproximaban, yo estaba al borde de la calle y venían en mi dirección, pocas veces en la vida sentí tanto miedo, podían hacerme cualquier cosa y salir huyendo y nadie podría identificar quienes fueron. Sin embargo, me quede estático, no sé si por el miedo o por hacerme el que no temía. Al pasar frente a mí, pude ver la máscara de alguien que vestía con suéter rojo, por un momento recordé a los samuráis, luego me percaté que esa máscara que al principio me infundio terror, ahora me inspiraba otra cosa, parecía que la máscara tuviese vida propia y que quién la usaba solo era movido por ella, por sus deseos, por los deseos de la máscara.

Por un momento sentí que la máscara me hablaba; sentí que me decía que su ojo izquierdo se llamaba valor, el derecho rebeldía, su boca libertad, sus cejas picardía, su bigote elegancia, sus mejillas amor, su barbilla justicia, y en su frente latía una idea. Estuve sumergido como en un trance por unos segundos, aquellos enmascarados me devolvieron la mirada, solo que no sabía si eran ellos quienes me veían o era la máscara a través de ellos. Cuando entre en mí mismo nuevamente, pensé en si era estúpido lo que había pensado o era algo importante, sin embargo, de momento lo dejé pasar. La gente seguía llegando a la plaza con sus pancartas, sus pitos y sus banderas. Eran como las 11:00 am de ese nueve de noviembre cuando varios pelotones de la guardia nacional empezaron a llegar y desplegarse, en ese momento sentí pánico, porque amenazaban con tirar bombas lacrimógenas y yo jamás las había respirado.

Al pasar de los minutos, entre la gente trancando calles y los pelotones de la guardia, se formó un pequeño caos en donde me vi envuelto y tuve que correr varias veces, algunos golpeados, y algunos con miedo como yo. A eso del mediodía, la gente se empezaba a pelear entre sí, se dividieron y se fueron yendo, la plaza quedaba vacía y cuando yo me disponía a irme, solo vi a aquellos enmascarados declarando para algún medio de prensa, creo. Volví a ir a uno de esos eventos de los “autoconvocados” el 30 de ese mismo noviembre, esa vez fue muchísimo peor, hubo más violencia, y gente adepta al “gobierno” que golpeaba a señores mayores con cascos, pude irme a tiempo antes de que también me dieran.  

2 de febrero del 2014: fui a Plaza Brión de Chacaíto, Caracas. Allí pude contemplar una tarima donde había varios políticos de oposición, observé entre ellos al Alcalde Ledezma, al Alcalde David Smolansky, a María Corina Machado, y a Leopoldo López y su esposa. Pero, mirando hacía un lado vertical de la plaza, estaban de nuevo allí esos enmascarados con una tarima improvisada sobre unos torniquetes, me acerqué más, no sé si a ellos o a la máscara. Escuché a ese enmascarado rojo hablar por medio de un megáfono, le percibí cosas como: “Se nos desangra la patria, se nos muere en pedazos mientras no estamos haciendo nada” y otras frases que hablaban de libertad, valentía y rebelión que me inspiraron. Al final de aquel evento, ellos se fueron a marchar cantando el himno nacional por sabana grande, yo los acompañé hasta que se retiraron y me comprometí a mí mismo a empezar a ser un generador del cambio.

10 días después, ya era el 12 de febrero y en aquel segundo día del mes, se acordó que ese 12 habría una movilización de personas en protesta. Yo por supuesto asistí, ya estaba más emocionado, estaba entusiasmado porque veía en mi a una nueva persona, alguien a quien ya no le importaba si moría o vivía, pero que quería hacer historia en el país, que quería hacer que las cosas cambiarán para mejor, que quería hacer una revolución, sí era eso, una revolución, porque al final de cuentas, cuando se quiere o se empieza a generar cambios importantes en un corto período de tiempo, se le llama revolución, ¿no?

Ya estaba en el lugar de inicio, tenía incluso una máscara de esas en mis manos, sentí que a pesar de que era de un diseño diferente, era la misma que aquellos llevaban, era como si ella misma me dijera que a pesar de lo diferente que pueda ser cada trozo de plástico, todas ellas compartían una misma alma y un mismo espíritu. Me parecía algo fascinante ponérmela, la miré de frente por unos instantes, también recordé a Paula, esos cachetes y esa sonrisa que quería ver durante toda mi vida, aun cuando ella no quisiera verme tan a menudo. Volteé la máscara y me la coloqué, realmente me sentía un hombre diferente, me daba cierta sensación de que podía lograrlo todo sin importar que.

Empecé a marchar con la gente con mi máscara puesta, a lo lejos reconocí a alguien, reconocí a otro enmascarado que ya había visto dos veces antes, solo que esta vez llevaba un suéter azul con mangas negras. Me mantuve próximo pero no tan cerca de él y los demás enmascarados, para tener en mí la sensación de que no estaba solo. La marcha se desarrolló con una extraña calma hasta que ya casi finalizando, salieron oficiales del servicio de inteligencia a disparar por todos lados, a capturar gente y a convertir todo aquello en un verdadero caos sangriento. Yo me metí por debajo de varios carros para poder escapar, pero algunos no tuvieron tanta suerte y fueron asesinados…
Después de todo aquello vino lo que se conoció como una época de “guarimbas” donde muchísimas personas en el país trancaban sus calles para paralizarlo. Yo participé en muchas de ellas, era increíble el modo en cómo había perdido el miedo, pero lo hice y estaba medianamente feliz. Tiempo después, las guarimbas se apagaron y nació algo llamado “los campamentos” donde se tomaban las calles del país con carpas, la idea medianamente me gustó y a no hacer nada, prefería estar allí. Llegué con intenciones a incorporarme en unos que estaban en la Plaza Sadel, tenía algo de nervios porque, no querían que pensarán que yo era un infiltrado o algo así por llegar solo y de la nada.

Cuando le dije a uno de los muchachos que estaban allí que quería unirme y tenía mi propia carpa, varios se empezaron a llamar entre sí y yo me ponía cada vez más, más nervioso, sin embargo, apareció alguien quien me marcaría y se convertiría en el futuro en uno de mis mejores amigos, él me dio la bienvenida y me hizo sentirme cómodo y dentro de una familia, a pesar de que su verdadero nombre era Ronny Navarro, muchos le llamaban “guerrilla” y fue así como yo lo empecé a llamar también, era el 20 de abril de 2014 a las 9:30 am cuando sucedió todo esto y me incorporé a los campamentos.

Así conviví con mucha gente que no conocía del todo, pero que les empezaba a llamar “hermanos”, de vez en cuando íbamos a trancar una calle, todos los días rezábamos y tratábamos de hacer cosas productivas, “guerrilla” siempre estuvo allí para cuidar de que todo marchará bien, era un buen amigo y un buen hermano. Así pasaron los días hasta el fatídico 5 de mayo, el día donde me encuentro, este día del que no he salido y quisiera salir ya porque siento que me ahoga. Eran las 3:00 am cuando teníamos a motos que parecían dragones roncando sobre nosotros, tiros al aire, insultos por todos lados, esto ha sido el apocalipsis, 5 minutos después todos estamos arrodillados y yo no hago más que pensar en Paula. 3:05 am: un oficial me ata las manos hacia atrás, me arrodilla y aplasta mi cabeza con su bota, siente placer al restregar mi cara contra el pavimento, yo me siento frustrado, él burlescamente me pregunta: ¿A ver guarimbero, por qué haces esto?

Yo solo le respondí: Por amor…

                                                                                                 Por: @TheRed_Shadow 




3 comentarios:

  1. sentí que me decía que su ojo izquierdo se llamaba valor, el derecho rebeldía, su boca libertad, sus cejas picardía, su bigote elegancia, sus mejillas amor, su barbilla justicia, y en su frente latía una idea

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  2. x amor seguiste el camino d tu verdad ha sido duro,pero
    abriste una puerta solo con tu sentir para vivir la ilusión de q con tu lucha harías lo mas bonito de la vida : dar lo mejor de ti

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